Ureña, Federico

Arquitectos en Oviedo [Oviedo - Asturias]

 

Descripción

  • Autor: Ramón Baragaño*, escritor e investigador.

Gracias a la documentación aportada amablemente por Justo Ureña, cronista oficial de Avilés y nieto de Federico Ureña, intento hoy rescatar la figura de un hombre que, aun no siendo avilesino de nacimiento, merece sobradamente el título de hijo adoptivo de esta villa, ya que contribuyó profesionalmente con gran acierto al progreso del Avilés de finales del siglo XIX. Injustamente olvidado (ésta es la primera biografía que sobre él se publica), el fundador de la saga de los Ureña en Avilés bien merece este modesto recordatorio por su eficaz contribución a la mejora y el embellecimiento de la villa del Adelantado.

 

Federico Ureña y González Olivares nació en Oviedo el 5 de octubre de 1858, hijo de Justo Ureña Velasco y Cecilia González Olivares, y fue bautizado en la iglesia parroquial de San Isidoro el Real. Era primo de Leopoldo Alas, «Clarín» («mi querido primo», le llama el gran escritor en alguna carta); su padre, Justo Ureña Velasco, era hijo de Bonifacio Ureña, que a su vez era hermano mayor de Leoadia Ureña y Cadanes, madre de «Clarín»; el padre de Federico era, pues, sobrino de Leocadia y Federico, por tanto, primo del autor de «La Regenta». Ayudante de Obras Públicas de profesión, Federico llegó a Avilés en el año 1880 ó 1881 para trabajar con el ingeniero Carlos Larrañaga, director de las obras de ampliación y mejora de la ría; completaba el equipo Lino J. Palacio, tío de Armando Palacio Valdés, en cuya casa de Avilés pasó el gran novelista largas temporadas durante su infancia y adolescencia.

Federico Ureña fue huésped de La Serrana hasta que se casó, el 5 de noviembre de 1884, en la iglesia de San Nicolás de Bari, con María Dolores González Posada y Gutiérrez Pumarino, hija de la dueña de la mítica fonda y restaurante. La primera hija del matrimonio, Cecilia, nació en 1885 y a ésta siguieron ocho niños más: José, Medarda, Justo (que murió a los pocos años), Federico (padre de Justo Ureña y Hevia), María (fallecida también siendo niña), María, Elvira y Antonio.

En 1890 fue nombrado por el Ayuntamiento de Avilés encargado de las obras municipales, en sustitución del arquitecto Ricardo Marcos Bausá, que iba a realizar el parque del Muelle pero dimitió por desavenencias con el alcalde José Cueto. Además del replanteo y ejecución de dicho parque, en el que diseñó el elegante quiosco de la música (1894), Federico Ureña se encargó de otros varios proyectos municipales, tales como la carretera del Torno (actual avenida del Conde de Guadalhorce), en 1893; los planes de ensanche de las travesías de la calle del Rivero, también de 1893; el proyecto de distribución de aguas mediante nuevas tuberías de hierro y la carretera a Castrillón por San Miguel de Quiloño (carretera de La Plata), proyecto de 1895, aunque no se ejecutó la obra hasta muchos años después.

A estas obras municipales, hay que sumar los numerosos edificios de viviendas que proyectó y dirigió en la villa avilesina entre los años 1882 y 1892, de los que daré relación detallada en un próximo artículo. También fue autor del lavadero público de la calle de González Abarca, así como de varios panteones en el cementerio de La Carriona. Enfermo de asma, hubo de buscar alivio a su dolencia en climas secos, ya que la humedad de Asturias no le sentaba bien. Así que pasó los cuatro o cinco últimos años de su vida lejos de Avilés. En septiembre de 1905, cuando se encontraba en Alcalá de Guadaira (provincia de Sevilla) dirigiendo la construcción de un puente que el Estado construía sobre el río Guadaira, falleció cuando aún no había cumplido los cuarenta y siete años de edad. A principios de ese mismo mes había estado por última vez en su querida villa avilesina, en la que habían transcurrido sus mejores años de vida personal y profesional y en la que tenía muchos amigos y parientes.

«El Diario de Avilés» publicó, el martes 26 de septiembre de 1905, una sentida nota necrológica: «Federico Ureña había atravesado entre nosotros una de las mejores épocas del progreso de Avilés. En las obras del puerto, como Ayudante de Obras públicas, tomó parte activa, al lado del distinguido ingeniero Sr. Larrañaga; y como el mejor de los avilesinos, figuró siempre al lado de muy contadas personas; que evidenciaron su previsión, abogando en favor de las obras del puerto de Avilés y del trazado de Serín.

Federico Ureña era escritor conciso y de sólida argumentación. «La Luz de Avilés» y «El Diario de Avilés» publicaron escritos suyos, encaminados siempre al progreso de nuestra villa, de cuyo Municipio fue varios años director de Obras públicas, haciendo trabajos de realce y mérito, tales como los planos de población y ensanche, y el estudio de la traída de aguas, en unión del ingeniero Sr. Hernández. Como Ayudante de Obras públicas, proyectó e hizo las carreteras a Bellamar, y de Avilés a Piedras Blancas, por el Caliero, y otras; y últimamente tomó parte activa en el estudio del ramal férreo de la Vasco Asturiana, del Turón a San Esteban de Pravia.

Federico Ureña era buen amigo y probo empleado, sobresaliendo por su carácter franco y decisivo, adornado de laboriosidad poco común.

Bajó al sepulcro en edad poco avanzada, dejando una esposa cariñosa, de familia avilesina, e hijos de corta edad, a los que unimos nuestro desconsuelo, sin que nos olvidemos de nuestro buen amigo Pepe, ilustrado Ingeniero de Minas, hermano del pobre Federico, a quién consagramos este humilde recuerdo, dándole nuestro postrer adiós».

Para completar la biografía de este interesante avilesino de adopción, es necesario ofrecer el catálogo, lo más completo posible, de las obras proyectadas y dirigidas por él. En el artículo anterior ya se reflejaban las realizadas desde su puesto de director de obras municipales de Avilés, entre las que se encuentran planes de ensanche de la villa, carreteras, el lavadero público de la calle de González Abarca (1893) y, sobre todo, el magnífico parque del Muelle, que él remodeló y realizó después de la dimisión del arquitecto municipal Bausá. En él destaca el elegante quiosco de la música diseñado por Federico Ureña en 1894, que originariamente llevaba elementos ornamentales de madera que después tuvieron que ser sustituidos por otros más resistentes de cinc, elaborados por la Real Compañía Asturiana de Minas, para evitar las inclemencias del tiempo.

Al margen de esta faceta de obras públicas, que sirvieron eficazmente para la mejora y el embellecimiento de la villa avilesina, contribuyó también al desarrollo urbanístico de Avilés con numerosos edificios de viviendas, todos ellos construidos en las dos décadas finales del siglo XIX, dentro de un estilo arquitectónico ecléctico, elegante y sobrio, con toques muy personales, que supo combinar muy bien elementos decorativos de distintos estilos clásicos.

De todo este conjunto de edificios destaca sobremanera la casa de los Arias de la Noceda, en el número 11 de la calle de Galiana. Proyectada en 1883, se trata de una gran mansión unifamiliar de cuatro plantas: un semisótano destinado al servicio doméstico (cocina, lavadero, calefacción...); dos plantas principales para vivienda, unidas por medio de una monumental escalera, y algunas de cuyas piezas nobles aún conservan la pintura original que decoraba los techos, así como un oratorio con rica decoración; y finalmente un desván abuhardillado. El edificio, rodeado de jardín, está formado por un cuerpo cuadrangular en el que destacan la fachada principal y la posterior. La primera de ellas, que da a la calle de Galiana, consta de tres cuerpos con los dos laterales más resaltados, al estilo de los palacios asturianos con dos torres de los siglos XVII y XVIII. La fachada posterior, sin embargo, posee un aire menos severo gracias a la gran galería acristalada que la cubre. En la decoración exterior hay que resaltar los balcones de hierro y la marquesina de cristal y hierro que cubre la entrada principal. Hoy día el edificio, restaurado, acoge un centro de servicios municipales.

A Federico Ureña también se deben el proyecto y la dirección de los edificios de viviendas siguientes:

• Casa número 16 de la calle de la Muralla. Proyecto de 1882.

• Casa número 10 de la calle de Pedro Menéndez, con proyecto del año 1883.

• Casa en la calle de Emile Robin, en cuyo bajo se encuentra la conocida cafetería Germán. Proyecto también de 1883.

• Casa llamada de Abascal, que consta de bajo y tres pisos, en la calle de Ruiz Gómez esquina a la del Muelle, según proyecto de 1884. Hoy día en avanzado estado de rehabilitación.

• Casas número 14 y número 27 de la calle de Ruiz Gómez. Proyectos de 1885.

• Casas números 2, 4 y 8 de la calle de Llano Ponte, frente a la plaza de Santiago López (antes llamada de la Pescadería). Proyectos también de 1885.

• Casa de bajo y tres pisos en la esquina de las calles de Rui Pérez y Florida. Proyecto de 1890. Recientemente rehabilitada.

• Casa número 25 (ahora 29) de la calle de la Ferrería. Proyecto de 1892.

Según datos facilitados por el cronista oficial de Avilés, Justo Ureña, nieto de Federico, éste dirigió las obras de la casa del indiano Eladio Muñiz (también conocida como de Josefina Balsera), según proyecto original del arquitecto Juan Miguel de la Guardia, en el que Federico Ureña realizó algunos cambios. Esta magnífica mansión, construida en 1903 en la esquina de la calle de Cuba con la de la Cámara, es un edificio en rotonda de tres plantas más un ático con bóveda y torre-mirador. Su fachada está adornada con varios balcones y elementos ornamentales de tipo clásico.

Además de estos edificios de viviendas, Federico Ureña proyectó y dirigió varios notables panteones en el cementerio municipal de La Carriona.

Nota

(*) Este texto fue publicado también en el diario La Voz de Avilés-El Comercio, en dos entregas, los sábados 23 y 30 de octubre de 2010, y el título Vida y obra de Federico Ureña, en la sección «Pliegos del alfoz» que Ramón Baragaño dedica a investigaciones locales.

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