Fernández García, Gene

Profesores en La Barrera [Carreño - Asturias]

 

Descripción

Gene Fernández García, maestra de profesión, es natural de Logrezana, la parroquia más externa de la zona rural de Carreño (concejo o municipio asturiano que tiene su capital en la villa de Candás), y con mayor dispersión geográfica. Tiene 68 años (a fecha de 26 de marzo de 2010) y es hija de «Victorina de la Barrera» y «Ramonín de Martínez», ya fallecidos. En la actualidad sigue viviendo, en familia, en su parroquia natal, en el barrio de La Barrera. En la casa, conviven su marido, Alberto, uno de sus dos hijos, ya que su hija Elena está afincada en Londres, su hermana Marga y su esposo Benigno, su querido sobrino Javi y su amiga Carmina.

Comenzó sus estudios en la Escuela de Logrezana, a los 5 años. Allí había dos unidades, de niñas y de niños; a ella le correspondió para dar clase su inolvidable y querida maestra Avelina. De esta primera etapa estudiantil también recuerda con especial cariño al que era, por aquel entonces,maestro de los niños en Logrezana. Ángel, natural de Avilés, que significó mucho para ella porque le adelantó las declinaciones de latín, se esmeró en enseñárselas bien en dicha escuela, para que al llegar a primero de bachillerato en el Instituto no se sintiera extraña.

Recuerda Gene cómo su maestra Avelina rápidamente llamó a su familia para animarles a que ella estudiara Bachiller. Ramón, su padre, se entrevistó con la maestra y vio muy favorable la propuesta. Era un hombre con muchas inquietudes, recuerdan siempre sus hijas; por aquel entonces, ya las llevaba, cada verano, a Madrid para despertar en ellas inquietudes culturales. Un año iba Gene, otro año iba, Marga, su querida hermana. Las llevaba a conocer museos, y las chiquillas iban en algunas ocasiones a regañadientes a ver los cuadros. También las animaba a prepararse en taquigrafía, con él vieron las primeras escaleras mecánicas, la tele, y el reloj de la Puerta del Sol —«¡qué impactos, al ver aquellas cosas, para unas chiquillas de un pueblo!», recuerdan las hermanas Fernández—. No fue hasta años más tarde, cuando valoraron, en su justa medida, los esfuerzos que hicieron sus padres por incentivar su educación y los sacrificios para que se prepararan.

Gene, muy bien instruida por Avelina, supera satisfactoriamente la prueba de acceso, preuniversitario inclusive, y cursa el Bachillerato en el Jovellanos de Gijón; guarda gratos recuerdos de esta época: del profesorado, de los compañeros y las compañeras, con los que aún sigue viéndose anualmente, en una cena de ex alumnos y alumnas, en torno al 6 de agosto, fecha que guarda relación con la vuelta de Jovellanos a Gijón.

Seguidamente estudió Magisterio en el colegio Santo Ángel; era una promoción que no llegaba a quince personas. Al finalizar Magisterio hizo oposiciones, las preparó en la Academia Don Germán de Oviedo, recuerda la homenajeada que, merced de su vocación por ser maestra, no se planteó estudiar otra carrera porque, por aquellos años, no había muchas opciones de estudios a elegir en Asturias. Como a ella le costaba mucho separarse de su familia, no venir a casa de dormir, jamás se planteó salir fuera a estudiar otra carrera.

Superadas las oposiciones comienza a dar clase. En la época que Gene empieza a ejercer como maestra, lo normal era que los primeros años, y aun más las maestras, tuvieran que impartir clase en los pueblos apartados, pequeños y mal comunicados, con unos edificios escolares y unas casas-escuela que no solían estar bien acondicionados. Por aquel entonces existían las «Escuelas Unitarias», con maestro y maestra, para los niños y para las niñas respectivamente, y en los pueblos con poca población escolar había «Escuelas Mixtas», con niños y niñas juntos en la misma unidad. Dicha tipología de escuelas mixtas, por ley, necesariamente tenían que ser atendidas por maestras. Así fue como Gene, en sus primeros años de ejercicio profesional como docente, al igual que muchos maestros y maestras de esa época, anduvo «saltando» de una escuela a otra, en condiciones, en general, no muy fáciles.

Comenzó en Tineo en el año 64, luego en Bierces (Piloña) en el año 65, seguidamente en Lozana (también de Piloña) en el 66, y en el año 67 en Gamonedo (Cangas de Onís). Era un pueblo en el que no había carretera y para desplazarse al mismo había que caminar a buen paso y aproximadamente una hora, en una interminable cuesta. Gene llega a él en burro, se encuentra con este edificio, sin agua, ni comodidades, y allí se enfrenta a solas a los ratones que correteaban por el altillo y a las pulgas, que a menudo, se cebaban con Gene produciéndole erupciones cutáneas.

En este pueblo comenzó a dar clase en una escuela muy deteriorada (anteriormente había sido una cuadra), más tarde se hizo otra. Dicha escuela estaba clasificada como «Mixta y Rural», puntuaba el doble la docencia en ella por su aislamiento; incentivaban así a la maestra. En este pueblo, que se ve en la falda del mirador de la Reina, en la carretera de Los Lagos, Gene desarrolla ampliamente su faceta como «activista social» que tanto la caracteriza; se implica en el día a día del pueblo: en el pastoreo, promueve actividades culturales y visitas fuera con todo el vecindario, la nombran presidenta del «Teleclub» y, junto con otros miembros de la directiva, organiza la inauguración y llegada al pueblo del primer aparato de televisión y otros materiales cedidos por la Delegación Provincial de Oviedo a Gamonedo. Más tarde, gestionarán las actividades del mismo. La llegada de la tele a los Picos de Europa no pasó desapercibida para la prensa de la época; Gene conserva con cariño dicha noticia. Durante su estancia allí echará de menos mucho a su familia; su único vínculo con ellos era el cartero, al que recuerda con afecto. Él le traía las noticias de Carreño. Gene se implica en el día a día del pueblo; a solas llora recordando a los suyos, pero tiene que ser fuerte ante el pueblo que la acoge con cariño y no quiere ver a la maestra llorar por su destino.

Es en este municipio donde conocerá a Mundo Santos Santos, que se convertirá más tarde en su esposo. Contrajo matrimonio en el año 1970 en la iglesia de su querida Santa María La Real de Logrezana: su sobrino Javier llevó las arras y los alumnos y las alumnas quisieron acompañarla en este emotivo día.

Desde Gamonedo, al puntuar doble los años allí dados, accede a la Escuela Nacional Unitaria de Tamón; Gene regresa a Carreño. Las aulas de la zona rural de este municipio estaban repletas de rapacinos y rapacinas, solían ser alrededor de 40 por aula, quizá más, en algunos cursos escolares. Comienza aquí su labor como docente en el concejo de Carreño en Tamón (Carreño) dando clase a niñas desde el año 70 al 76; el maestro de niños, en dicha parroquia, en estos años fue Eugenio Bueno García, quien la recuerda con mucha estima.

La escolarización de la parroquia de Tamón se vio fuertemente zarandeada por un cúmulo de circunstancias adversas a la ciudadanía que arrancaron antes de la llegada de Gene y que se mantuvieron durante su etapa como maestra de Tamón (del 70 al 76). Lo cierto es que el establecimiento de la factoría siderúrgica ENSIDESA en Avilés, la cual abrió en la citada parroquia varias canteras —una de ellas próxima a la escuela—, en la que detonaban gran número de potentes barrenos, ofrecía enorme peligro para la seguridad del alumnado y del propio edificio. Aquí empezó el calvario de «hacer y deshacer» las escuelas de Tamón, antes de su llegada; ya en el año 1961, la Corporación Municipal, de aquel entonces, como más eficaz y pronta solución halló aquella que habían usado ya nuestros antepasados: volver la escuela al cabildo de la iglesia del pueblo. Se hizo así, después de haber realizado algunas obras dirigidas a resguardar a los niños y las niñas. Antes de su incorporación las niñas y la anterior maestra habían sido trasladadas a la Casa Rectoral, recientemente edificada, emplazándose la escuela en la planta baja. Mientras tanto, en sustitución de la que habían desalojado, fue edificada otra Escuela Nacional Unitaria, con casa de maestros, en el lugar conocido como La Vega, la cual fue abierta en 1970. A esta escuela se incorporó Gene. Pero hubo de ser cerrada y a continuación destruida para dar paso a un tramo de autopista. Otra vez la caravana escolar se pone en marcha y en 1972 establecen la escuela en una edificación con trazas de nave, sin viviendas, que se denominó «escuela de la Vía», debido a que ocupaba antiguos terrenos del Ferrocarril Estratégico Gijón-Ferrol. Apenas dos cursos pudieron impartirse en «La Vía», puesto que, de nuevo por obras, hubo de evacuarse. La maestra, Gene, y el maestro se convirtieron en constantes huidos del asedio industrial; ello no era obstáculo para que en dicha escuela se diese una enseñanza de calidad, a pesar de los cambios y de atender cada profesor o profesora a un alumnado con edades muy heterogéneas, que iban desde los 6 a los 14 años.

Este continuo movimiento, de aquí para allá, de las escuelas de Tamón hizo que durante años el vecindario de Tamón ironizasen hasta en la prensa local con afirmaciones tales como «que la próxima escuela la harían sobre una plataforma con ruedas, para trasladarla más fácilmente».

Los distintos cambios de emplazamiento finalizaron cuando en 1976 se inició la concentración escolar y el alumnado y los/as maestros/as hubieron forzosamente de integrarse más allá de su distrito escolar, en el Colegio de EGB «Francisco Fernández», de Cancienes.

Al quedar sin actividad escolar, este último local en La Fontanina de las Escuelas de Tamón comienza a deteriorarse por el desuso y algunos actos vandálicos. El vecindario, inquieto por los daños del edificio y el abandono, contacta con Gene, al ser la última maestra que tenían como referencia cercana para ellos, van a su casa, se interesan por saber de quién depende dicho inmueble y cómo pueden moverse para que se repararen los daños. Contactan con el Ayuntamiento, titular del edificio, a instancias de Gene, que en todo momento, les orienta y apoya, hacen las gestiones pertinentes y se recupera satisfactoriamente el local. En estos contactos para recuperar la escuela, ella les anima y ayuda a fundar una asociación vecinal en la parroquia de Tamón, de la que formará parte. Una asociación que dinamizará mucho la parroquia, con actividades lúdicas que incluían carrozas el día de la fiesta, y que se preocupará mucho por el bienestar del vecindario.

Como decíamos, en el 76 tocó «desbandada general»: la población escolar abandona las escuelas de sus pueblos y se van a «colegios grandes». Por aquel entonces, Carreño contaba sólo con un centro educativo el colegio San Félix; no había sitio para todos/as. Ésta es la razón por la que los/as niños/as de las parroquias de Ambás, El Valle, Guimarán, Logrezana y Tamón se van al colegio de Cancienes, y tras ellos, sus maestros y maestras. A este centro escolar se fue Gene a dar clase; allí estuvo dos décadas.

En algunos cursos fue, además, Jefa de Estudios. Daba las asignaturas de Matemáticas y Ciencias Naturales, preferentemente. Sus clases de ciencias solían ser muy prácticas; en el laboratorio era corriente diseccionar órganos de animales, y al aire libre, se estudiaba la flora de los alrededores, juntamente con D. Jesús Marina, también gran profesor de ciencias. El alumnado de Carreño la recuerda con especial cariño.

También colaboraba en muchas otras actividades del centro: por ejemplo, impartiendo clases de labores y manualidades, que se realizaban al mediodía, fuera del horario escolar; al finalizar cada curso se hacían exposiciones con los trabajos. Eran unas muestras muy visitadas y que llamaban la atención en la comunidad escolar y entre las familias, por la alta calidad de lo expuesto, en los míticos y sonados festivales de fin de curso que se celebraban en el gimnasio y eran punto de unión de las generaciones y generaciones de escolares que pasaron por Cancienes. Aun cuando había finalizado su andadura por el colegio, muchos/as volvían, año tras año, al festival, Excursiones, Viajes de Estudio, que duraban una semana y era una de las actividades más emblemáticas del colegio, cursos de cocina, que impartía junto con Trini, huerto escolar, comedor y un sinfín de actividades en las que siempre arrimaba el hombro.

Diríase que esta larga etapa profesional en Cancienes fue muy enriquecedora para alumnos/as y profesores.

Cuando hubo de abandonar el colegio Francisco Fernández debido a la normativa existente en aquel momento, en el año 96 se incorporá a dar clase a personas adultas en Avilés y terminó su trayectoria profesional como docente en el IES de los Campos también en Corvera, donde se jubiló en el año 2002.

Además de su labor como maestra, fue una de las impulsoras de la creación de la asociación vecinal de Tamón y una pieza clave en el funcionamiento y dinamización de la asociación vecinal de Logrezana, su parroquia natal.

Fue la promotora de los conciertos de música clásica en Logrezana, junto con Jesús Miranda y el conservatorio de música Julián Orbón de Avilés. Arrancaron siendo un día al año, y con el tiempo se fueron consolidando, pasando a ser dos días e incluyéndose en la programación la activa colaboración de la Escuela de Música Miguel Barrosa de Carreño. En la actualidad, dichos conciertos son conocidos como la «PRIMAVERA MUSICAL EN LOGREZANA» y son un referente en la actividad cultural de Carreño, al que acude numeroso público.

Es una mujer que destaca por su alta implicación en la vida sociocultural. Comenzó gestionando las actividades del «Teleclub» en Gamonedo, colaboró con el vecindario de Tamón, y sigue en la actualidad promoviendo y animando a la gente a que participe en Carreño: informa de los cursos de la Aldea Digital (telecentro rural), de las funciones teatrales, etc. Es artífice, a lo largo de toda su vida, de muchas y calladas colaboraciones tanto a título individual como a nivel grupal, o a entidades sociales.

Una de las muchas personas que Gene ayudó fue Carmina Menéndez García, popularmente conocida como «Carmina la peluquera», la cual por razones familiares tuvo que dejar de estudiar a los once años para dedicarse al cuidado de su tía. Al dejar la escuela no obtuvo, en su momento, el certificado de estudios primarios. Cuando se casó y su situación familiar fue más estable, con el apoyo de su marido se planteó hacer realidad su sueño: estudiar peluquería. Pronto el sueño se desvaneció por momentos porque al ir a matricularse le indicaron que sin el certificado de estudios primarios no podía estudiarlo. Carmina contó con la ayuda de Gene; ésta comienza a darle clase a las once de la noche en su propia casa, la prepara a fondo para el examen, la acompaña a un centro oficial a examinarse y obtiene el certificado, más tarde el título de peluquería. Su amistad se mantiene a lo largo de los años, Gene es clienta habitual de su peluquería y en ella Carmina ve algo mucho más que una vecina o amiga y confidente.

La labor de Gene no se circunscribe sólo a las parroquias del concejo mencionadas hasta el momento, sino que también está presente en entidades sin ánimo de lucro y en otras acciones sociales, como por ejemplo, ayudas ante situaciones de emergencia, visitas periódicas a personas mayores que viven solas y/o están enfermas, y ayudas a personas sin recursos, etc. Las acciones de ella y su toda familia son ampliamente conocidas en el municipio de Carreño; lo son no sólo por su trayectoria individual como maestra (muy involucrada con el alumnado con algún tipo de problemas) y por su amplia implicación en la dinamización vecinal, sino también por su reconocida labor social, siempre en silencio y en compañía de su inseparable hermana "Marga».

Gene tiene por delante un importante papel en la vida del municipio de Carreño; así lo esperan quienes la rodean y comparten, a menudo, quehaceres con ella. Es una persona que huye de los protagonismos, es sumamente emprendedora, una trabajadora incansable, que en estos momentos, entre otras cosas, trabaja en la organización de un viaje vecinal a Santiago, y por la puesta en marcha de una biblioteca rural y unos talleres de ajedrez en Logrezana. Con su buen «don de gentes» es capaz de lograr armonía y cohesión social en su entorno. Es tan activa que fomenta, allá donde va, el entusiasmo y la participación popular, y es que, a menudo, genera dinámicas y buenas sinergias, que sin duda construyen los pilares del futuro del concejo, en la medida que sirven de gran ayuda para consolidar los signos de identidad carreñense.

El 26 de marzo de 2010 esta gran maestra recibe, en el teatro Prendes de Candás, el galardón ´Mujer del Año en Carreño 2010´ que otorga la comisión de seguimiento del Plan de Igualdad de Carreño. El jurado, integrado por una representante de cada una de las asociaciones de mujeres del concejo, acuerda por unanimidad concederle esta distinción en reconocimiento a su «trayectoria profesional y amplia labor sociocultural».

Fuente: Ayuntamiento de Carreño (Asturias), 26 de marzo de 2010.

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