Fernández, Juan

Exploradores en Seloriu [Villaviciosa - Asturias]

 

Descripción

Natural del valle de Selorio (concejo de Villaviciosa), participó en la conquista y colonización de América. Fueron sus padres Fernando Selorio y María de Villar. No se sabe cuándo pasó a América, pero debió de ser antes de 1530, pues en esa fecha se hallaba en Nueva España, donde se casó, teniendo tres hijos. Se trasladó luego a Michoacán (región situada al oeste de la ciudad de México), donde residió por algún tiempo trabajando en el molino de Juan de Villaseñor.

Cuando en 1539, Francisco Vázquez de Coronado, gobernador de Nueva Galicia, abrió el listín de enganche para reclutar soldados que estuviesen dispuestos a ir a la conquista de las siete míticas y ricas ciudades de Cíbola que meses antes había visto fray Marcos de Niza en una excursión que hizo hacia aquellos lugares, Juan Fernández fue uno de los 336 españoles que se incorporaron a la expedición.

Conduciendo más de medio millar de caballos y varios miles de bóvidos, ovejas y cerdos, el ejército español y los varios centenares de indios auxiliares, salieron de la ciudad de Compostela (23 de febrero de 1540) hacia el incógnito Norte. Tras atravesar el valle de Sonora y los desiertos de Arizona y Nuevo México, arribaron a su destino. Su desilusión fue mayúscula al contemplar la primera de las siete ciudades de Cíbola. Hauikuh, así se llamaba, era un poblado de adobe de 200 habitantes. Habían llegado al territorio de los indios pueblo.

En vista de que los informes de fray Marcos de Niza resultaron ser falsos, los españoles decidieron permanecer en la comarca para explorar todo el área y descubrir sus posibles riquezas. En las semanas siguientes, los soldados se desparramaron por toda la región en pequeñas patrullas exploratorias. Descubrieron así la comarca de Tusayán, habitada por los indios hopis, y el impresionante Gran Cañón del Colorado; contemplaron con admiración el pueblo de Acoma, edificado en la cima de un gigantesco, escarpado e inexpugnable farallón levantado en medio de una llanura; exploraron el curso alto del río Grande; inspeccionaron los numerosos poblados de la región de Tiguex - —en la localidad de Alcanfor, situada a orillas del río Grande instalarían definitivamente su campamento—. En fin, Coronado, Juan Fernández, Francisco de Temiño (otro asturiano), etc., fueron los primeros europeos, después de Cabeza de Vaca, que contemplaron los inmensos rebaños de bisontes que tranquilamente pastaban en las fértiles praderas de Norteamérica.

En el poblado de Pecos, los aventureros europeos hallaron a un esclavo indio venido del norte y llamado El Turco. Éste les contó fantásticas historias acerca de una ciudad llamada Quivira, rica en oro. Los crédulos españoles iniciaron un nuevo peregrinaje por los actuales EE. UU. El Turco, para hacerles morir a todos de hambre y de sed, los llevó al desolado Llano Estacado. Metidos de lleno en estas inmensas llanuras texanas, los españoles se perdieron varias veces, pero al final, cuando apenas les quedaban alimentos, se dieron cuenta del engaño del Turco.

Mientras el grueso del ejército regresaba a Tiguex, Vázquez de Coronado, con 40 hombres, 30 de ellos a caballo, se dirigió al Norte en busca de Quivira. Por fin, luego de cruzar el río Arkansas y penetrar hasta el centro mismo de Kansas, llegaron a su meta. Descubrieron entonces con desagrado que Quivira era sólo una mísera aldea poblada por indios wichitas. El único metal que éstos poseían era un pedazo de cobre que el cacique del lugar llevaba colgado del cuello. Luego de explorar un poco más al Norte, los decepcionados expedicionarios volvieron a Tiguex.

Después de dos años de exploración y a consecuencia del desgraciado accidente de Coronado, éste decidió regresar a México. En este período de tiempo, los españoles no habían conseguido ninguna riqueza material que les hiciese rápidamente ricos, pero habían descubierto y explorado gran parte de los actuales Estados de Arizona, Nuevo México, Oklahoma, Texas, Kansas y quizás el sur de Nebraska.

Al llegar a Compostela, la gran mayoría de los soldados se dispersó. Sin duda alguna, Juan Fernández regresaría a su antigua residencia de Michoacán. En el año 1547 aún permanecía con vida.

Fuente: José Ramón Martínez, Rogelio García y Secundino Estrada, «Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599», Oviedo, 199

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