Bustillo, Gutierre de

Exploradores en Villasivil [Castropol - Asturias]

 

Descripción

Explorador asturiano nacido seguramente en Villasivil (Castropol), donde sus padres eran vecinos. Hijo legítimo de Rodrigo Goala y de doña María de Caballos. El 6 de marzo de 1538 se le dio carta de embarque para trasladarse a La Florida en la armada del Adelantado Hernando de Soto.

Durante varios años, Hernando de Soto y sus hombres exploraron gran parte del sureste de América del Norte. Atraviesan de sur a norte la pantanosa península de La Florida y el actual Estado de Georgia para luego entrar en el de Carolina del Sur, donde fueron recibidos amistosamente por la cacique del poblado de Cofitachequi, ubicado en las cercanías de la actual ciudad de Augusta. Aquí los expedicionarios encuentran numerosas perlas que, gustosa, la cacique les ofrece, además de pieles y alimentos.

Siguiendo el curso del río Savannah, suben por el Estado de Carolina del Sur. En Xuala se encuentran con la barrera de las montañas Apalaches. Sin inmutarse, inician su ascenso y travesía.

Estaban en la región de los indios cherokes, en la parte occidental de Carolina del Norte. Después de pasar por las cercanías de la actual ciudad de Chattanooga llegan a Chiaha, poblado edificado en una isla del río Tennessee.

Recién entrado el verano, parten de Chiaha hacia el sur para contactar con los barcos de aprovisionamiento. Siguiendo el curso del río Tennessee, entran por el noroeste en el Estado de Alabama. El río Coosa es también cruzado y seguido su curso. Recorren ahora los dominios del jefe Coza para luego entrar en el territorio de los temidos indios alibamos. Su gigantesco cacique, el poderoso Tascalusa, les había invitado a visitarle.

El encuentro se produce en una pequeña loma. Tascalusa invita a los españoles a ir a su poblado principal. Mobile, así se llamaba el lugar, se alzaba entre los ríos Alabama y Tombigbee, y contaba con ochenta grandes chozas capaces de albergar cada una de ellas a varios cientos de personas. También el poblado estaba fuertemente amurallado a base de gruesas y altas estacas de madera. En este lugar, Tuscalosa concentró a varios miles de guerreros indios de la región para tender una emboscada a los españoles.

Tras el primer momento de sorpresa y desconcierto, los españoles consiguen sobreponerse y hacer frente a la indiada que se les echa encima. Se trabó entonces una lucha encarnizada que concluyó nueve horas después con el balance - —según el Fidalgo de Elvas, cronista de la expedición— de 2.500 indios y 18 españoles muertos, quedando el poblado totalmente destruido por las llamas. Los españoles pasaron una noche espantosa. El único cirujano que tenían no daba abasto. Todos estaban heridos —noventa de consideración—. A falta de medicinas y vendas —quemadas en el incendio del pueblo, al igual que las perlas, la ropa, el vino para decir misa, además de otras valiosas pertenencias—, se echó mano del unto de los indios muertos y de la ropa de los cristianos fallecidos.

Los indios supervivientes lo pasaron aún peor. En los días sucesivos los españoles encontraron por los montes y arroyos de las cercanías muchos de ellos heridos o muertos.

Veinticinco días permanecieron De Soto, Bustillo y demás europeos reponiéndose de las consecuencias de tan sangrienta batalla.

Hostigados siempre por los pieles rojas, que logran en Chicaza incendiarles el campamento y matar a once españoles, cincuenta caballos, cuatrocientos cerdos y la poca ropa que les quedaban, descubren en el mes de mayo de 1541 el Mississippi, río que cruzan en improvisadas canoas, para luego internarse por las extensas y monótonas llanuras de Texas. De Soto ya había muerto y los supervivientes cansados de tanto caminar sin rumbo fijo regresan al Mississippi, donde construyen con grandes dificultades siete rústicos barcos. Finalmente descienden por el caudaloso río perseguidos por cientos de indios que no dejan de flecharles y llegan a México. De 620 hombres que emprendieron la aventura, sólo regresaron vivos menos de la mitad, tales fueron las penalidades que sufrieron a lo largo del camino.

Aunque las crónicas de la época no mencionan a la gran mayoría de los miembros de las expediciones descubridoras y colonizadoras, Gutierre de Bustillo fue un protagonista anónimo de esta magna empresa que en 4 años recorrió nada menos que 10 Estados de EE. UU. Ignoramos si Bustillo falleció en el camino o regresó a la ciudad de México.

Fuente: José Ramón Martínez, Rogelio García y Secundino Estrada, «Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599», Oviedo, 199

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