Bolaños, Pedro

Religiosos en Oviedo [Oviedo - Asturias]

 

Descripción

Fraile dominico nacido en Oviedo. Fue uno de los veinte primeros dominicos que pasaron a las Filipinas.

En estas islas había religiosos de otras órdenes - —agustinos, jesuitas, franciscanos—, pero ningún dominico. Esto lo solucionó fray Juan Volante, quien persuadió al Consejo Real de Indias de la necesidad de enviar hacia las posesiones españolas de Asia a los frailes de su orden. Las autoridades de Madrid autorizaron entonces a que pasasen a las Filipinas cuarenta religiosos de la orden de Santo Domingo para que fundar conventos y ayudar en la conversión de los infieles.

La mayoría del contingente de dominicos salió del convento de San Esteban de Salamanca, donde se encontraba fray Pedro Bolaños, quien, sin dudarlo, se ofreció voluntario para trasladarse a las Filipinas. Al principio, algunos padres le disuadieron del intento por su avanzada edad —tenía entonces cincuenta y ocho años— diciéndole que más que un alivio sería un estorbo para sus compañeros. Pero Bolaños, animado por el P. Arcediano, quien le dijo que «en una provincia nueva podían ser muy útiles religiosos ancianos porque con su buen ejemplo podían servir de norma para los jóvenes que en ella debían admitirse y educarse», se decidió a ir como misionero a las Filipinas.

El 17 de julio de 1586, los religiosos parten del puerto de Cádiz hacia México en el barco del capitán Diego de Norea. Algunos padres, por presión de sus hermanos de religión de México, se quedaron aquí para ayudarles en la conversión de los aborígenes de esta amplia área. Los demás se prepararon para dirigirse a las Filipinas, trasladándose para ello al puerto de Acapulco. Pero antes, el 17 de diciembre de 1586, dictaron las «Ordenaciones Generales» que firmaron los veinte religiosos, entre ellos el padre Bolaños, que se habían ofrecido a pasar a las Filipinas, dándose a esta provincia el nombre de Nuestra Señora del Rosario.

El día 3 de abril de 1587, partieron de Acapulco los tres primeros dominicos hacia la región china de Macao, donde pensaban fundar un convento. Tres días después, el 6 de abril, zarpó del mismo puerto fray Pedro Bolaños y sus 14 compañeros. El viaje por el Pacífico, bastante accidentado, duró dos meses, al cabo de los cuales arribaron al puerto de Calvite, en la bahía de Manila. En la ciudad entraron el 15 de julio siendo recibidos con gran alegría por el gobernador y demás autoridades civiles, el obispo y el pueblo de Manila.

Mientras se edificaba el nuevo convento, los padres dominicos se hospedaron con los franciscanos. Cuatro meses y medio duró la edificación del edificio, terminándose el 1 de enero de 1588.

Entre tanto, el vicario general de los dominicos, fray Juan de Castro, distribuyó a sus compañeros por las provincias de Manila, Pangasinan y Bataan. Al padre Pedro Bolaños le tocó trasladarse a Bataan, donde ejerció su apostolado durante algunos meses, pero no pudo soportar por más tiempo el ir caminando de pueblo en pueblo bajo todo tipo de inclemencias para evangelizar a los indígenas filipinos. Enfermó de gravedad y tuvo que ser conducido a la enfermería del convento de los franciscanos de Manila. «Padecia dolores de vientre tan agudos, que le hacian prorumpir en altos gritos —dice una crónica de la época—. Allí fue cuidado con mucha caridad, y despues de haberse aliviado, volvió al mismo ministerio, en donde hacia mucha falta; pues sin embargo de que no podia predicar ni confesar, por no saber el idioma de los indios, instruia á los niños, ensenándoles á leer y escribir, é imponiéndolos en el canto eclesiástico para alabar á Dios en la iglesia. Con el cariño y afabilidad con que trataba a los pequeños, los grandes se aficionaban á los PP. misioneros y á la doctrina que les enseñaban».

Ya repuesto, vuelve a Bataan y no tardó en recaer en la misma enfermedad, siendo llevado esta vez al convento dominico de Manila. Falleció a principios de 1588 a la edad de sesenta años.

Fue, con fray Gregorio de Oda, el primer dominico que murió en las islas Filipinas.

Fuente: José Ramón Martínez, Rogelio García y Secundino Estrada, «Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599», Oviedo, 199

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